Todas las
personas, incluso las que parecen más tranquilas, se enfadan en algún momento.
Los niños también se enfadan cuando se sienten amenazados y tienen reacciones
diversas que van desde el silencio o bloqueo, una respuesta pacífica a la ira o
las típicas pataletas.
La emoción
que hace que los niños sientan enfado, irritabilidad o resentimiento es la ira.
En algunos momentos los niños pueden gritar, lanzar o romper objetos e incluso
pegar o insultar a sus compañeros, sus padres o sus profesores. Una emoción
negativa que hay que controlar desde pequeños.
“La furia y
los comportamientos agresivos son recursos evolutivos para favorecer la
supervivencia, pero, en el caso humano, pueden moverse dentro de límites
normales o desbordarlos. Giséle George señala que la oposición es necesaria,
inevitable, variada en su expresión, frecuentemente incomprensible, a veces
destructiva, normalmente ligada a defectos de comunicación y, en ocasiones,
patológica. Forma parte del desarrollo normal del niño y refleja todos sus
esfuerzos en busca de autonomía”, explica José Antonio Marina en su artículo El
niño agresivo.
En algunas
etapas del desarrollo del niño estos enfados se acrecientan como por ejemplo
entre los 2 y 4 años, la preadolescencia y la adolescencia. Los niños se
enfadan como respuesta a amenazas externas e incluso cuando se dan cuenta de
que algo puede suponer una amenaza futura. Los humanos nos defendemos ante
cualquier amenaza, incluso ante nuestros propios sentimientos de malestar
atacando.
Para los
niños una pequeña decepción como no que no le compremos un juguete o no poder
tomar un helado puede parecerles en ese momento el fin del mundo. No tienen el
cerebro totalmente desarrollado para regular y controlar sus enfados. Cuando
van creciendo y madurando adquieren la capacidad de manejar su ira de forma
constructiva si viven en un ambiente donde se controla este sentimiento.
Los padres
tenemos que intentar que nuestros hijos aprendan desde pequeños a controlar su
ira. Aunque parezca sencillo, muchas veces se convierte en una tarea
complicada. El primer paso es reconocer que nuestro hijo tiene esos ataques de
ira.
CONSEJOS
PARA AYUDAR A QUE NUESTROS HIJOS CONTROLEN SU IRA
Los padres
tenemos que intentar que nuestros hijos aprendan desde pequeños a controlar su
ira. Aunque parezca sencillo, muchas veces se convierte en una tarea
complicada. Lo primero es reconocer que nuestro hijo tiene esos ataques de ira.
Si algunos días cuando le llevamos al colegio por la mañana se pone a llorar y
a patalear porque no quiere ir a clase, nos tenemos que plantear que nuestro
hijo tiene ataques de ira. Os vamos a dar varios consejos para ayudar a
controlar estas situaciones tan incómodas que a todos nos preocupan.




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